NUEVA YORK -- Ser el Novato del Año ya es un logro sobresaliente. Hacerlo como catcher, tal vez la posición más difícil en el béisbol, le da otra dimensión.

Pregúnteselo al puertorriqueño Geovany Soto, quien el lunes ganó el premio al mejor novato en la Liga Nacional por abrumadora mayoría, luego de una temporada en la que ayudó a los Cachorros de Chicago a la conquista del banderín de la división Central con el mejor récord del circuito.

Un catcher novato no obtenía el premio desde que Mike Piazza lo hizo con los Dodgers de Los Angeles en 1993. Y sólo cinco lo han hecho en la historia, incluyendo también a Johnny Bench, Earl William y el boricua Benito Santiago.

"Fue un año que tuvo sus momentos buenos y sus momentos malos", dijo Soto en una teleconferencia telefónica desde su residencia en Puerto Rico. "Tengo que admitir que cuando comenzó la temporada no sabía qué esperar".

Soto se convirtió en el quinto pelotero boricua laureado con el galardón, siguiendo los pasos de Carlos Beltrán, Orlando Cepeda, Sandy Alomar hijo y Santiago. Alomar también fue catcher.

"Traté de actuar con mucha seguridad en mi mismo", dijo Soto, de 25 años. "Pero tuve mis momentos de duda ... Es un juego en el que todo el tiempo hay que hacer ajustes y yo busqué la ayuda de los veteranos para mejorar en todos los aspectos, como sacar a los corredores y guiar al staff de lanzadores".

Evan Longoria, tercera base de los Rays de Tampa Bay, se llevó el premio como el mejor novato de la Liga Americana en forma unánime.

Soto figuró primero en 31 de las 32 papeletas en la votación de la Asociación de Cronistas de Béisbol de Estados Unidos. El otro voto fue para Joey Votto de los Rojos de Cincinnati, con Soto ganando 158-76 en puntos.

El promedio de Soto fue de .285 con 23 jonrones y 86 carreras impulsadas. Fue el líder de los novatos del Viejo Circuito en las estadísticas de remolcadas, dobles (35) e imparables de extra base (60).

En julio, hizo historia al convertirse en el primer receptor en participar como titular en el Juego de Estrellas en el Yankee Stadium tras imponerse en la votación de los aficionados.

Sin embargo, decepcionó en octubre. Luego que su equipo arrasó en la campaña regular, los Cachorros fueron barridos por los Dodgers en la primera ronda de los playoffs.

Soto apenas conectó dos hits en 11 turnos y no registró remolcadas. El revés golpeó fuerte en una franquicia cuyo último campeonato de Serie Mundial fue en 1908.

Pero la votación de los premios se realiza sin tomar en cuenta el desempeño en postemporada.

Soto reflexionó sobre el fracaso en octubre, diciendo que "quizás aseguramos el banderín muy temprano".

"Lo cierto es que los Dodgers fueron superiores ... Se comprobó que el mejor equipo no se demuestra en los papeles, sino mostrándolo en el terreno".

Soto reservó especial crédito al venezolano Henry Blanco, el receptor suplente de los Cachorros, por el premio.

"Se comportó como mi hermano mayor. Sin él, no lo hubiese ganado", declaró Soto. "Me dio consejos para todo".

Pero Blanco podría no estar como compañero del boricua en el 2009, ya que acaba de declararse agente libre luego que los Cachorros declinaron hacer uso de una opción.

Soto instó a su equipo a traerlo de vuelta, pero adelantó un próximo oficio para Blanco: "Yo estoy seguro que algún día será manager".

El boricua pasó a ser el quinto jugador de los Cachorros que recibe el premio. Los otros fueron Billy Williams, Ken Hubbs, Jerome Walton y Kerry Wood, siendo éste el último hace 10 años.

Longoria acaparó el primer lugar en 28 papeletas, y se convirtió en el primer pelotero de Tampa Bay en ganar un premio individual de fin de temporada. Después de debutar en abril, Longoria redondeó promedio de .272 con 27 jonrones y 85 producidas.

Fue escoltado en la votación por el cubano Alexei Ramírez, segunda base de los Medias Blancas de Chicago. Ramírez bateó para .297 con 77 impulsadas y 21 jonrones, cuatro de los cuales fueron con las bases llenas. Longoria le superó 140-59 en puntos.

Longoria es el séptimo novato de la Americana que se lleva el premio en forma unánime, y el primero desde que Nomar Garcíaparra lo hizo en 1997.

"Tuve un gran año, sin duda", señaló Longoria, quien agregó que "sé que tengo la capacidad de hacer más".

"Es algo muy especial y es difícil expresarlo con palabras. Obviamente agradezco cada uno de los votos", dijo el pelotero en una conferencia de prensa desde su casa en California. "El simple premio es algo grandioso para mí y estoy muy feliz de poder recibirlo".

Los Rays estaban tan seguros que Longoria se convertiría en un pelotero estelar que le ofrecieron un contrato por seis temporadas y 17,5 millones de dólares después de haber jugado apenas seis partidos en Grandes Ligas.

Su contrato podría pagarle hasta 44,5 millones de dólares en nueve temporadas y hasta ahora ha demostrado su valía.

Tampa Bay llegó a las Grandes Ligas como equipo de expansión en 1998 y nunca ganó más de 70 partidos en una temporada hasta que Longoria ayudó a los Rays a ganar 97 en esta campaña y los impulsó a ganar el título de la División Este de la Liga Americana.

Asimismo, bateó un doblete con dos outs en la octava entrada para empatar el Juego de Estrellas el 15 de julio en Nueva York.

Longoria se lesionó, pero al regresar ayudó a su equipo en la postemporada.

El pelotero de ascendencia mexicana, quien cumplió 23 años el mes pasado, pegó de cuadrangular en los dos primeros turnos al bate que tuvo en la postemporada ante los Medias blancas de Chicago, y luego conectó otros cuatro ante los Medias Rojas de Boston en la serie por el campeonato de la Liga Americana para imponer una marca de novato con seis jonrones en una sola postemporada.

Sin embargo, su potencia ofensiva se apagó en la Serie Mundial, cuando se fue de 20-1 con nueve ponchetes y dos carreras producidas ante los Filis de Filadelfia, que los derrotaron en cinco partidos.

"Obviamente me habría gustado haber jugado bien y ayudar al equipo", dijo Longoria. "Sin embargo, estoy muy satisfecho de saber que tuvimos un gran año".